martes, 16 de agosto de 2016

LOS MEXICANOS POR LA FALTA DE IDENTIDAD...como extranjeros incultos en su propia tierra.

Uno de los grandes problemas del mexicano es la inseguridad de una identidad no entendida profundamente. No es que no tengamos identidad. Por el contrario, somos uno de los pueblos en el mundo con una identidad cultural muy vigorosa, heredada de 8 mil años de desarrollo humano, motivo por el cual estamos dentro de los cinco países más visitados por el turismo internacional.
La identidad nos da pertenencia, fuerza interna y orgullo. Cuando no tenemos muy claro cuales son nuestros orígenes, cuales nuestros logros, la dimensión de nuestro pasado, es cuando nos quedamos sin memoria. Una persona, una familia o un pueblo SIN MEMEORIA, se encuentran en un estado de indefensión y de inseguridad.
Imagínese que una persona, una familia o un pueblo entero pierdan su memoria. Quedarían indefensos, pues al no saber de dónde vienen, es decir, cuales son sus orígenes, no sabrían quiénes son en verdad. Y al no saber quienes son, ni de dónde vienen, no podrían definir a dónde quieren ir en la vida.
Quedarían como fantasmas, vagando, perdidos en el laberinto de la soledad, de no saber quienes son. Estarían indefensos de sus enemigos, huérfanos de sus haberes y saberes. Siempre sumisos, inseguros, siempre violentos y a la defensiva. Siempre tratando de ser alguien que no es.
Por desgracia esto es lo que nos ha pasado en estos últimos cinco siglos de colonización. De hecho, la colonización material y económica se fundamenta en la pérdida de la identidad del colonizado. Esta es la razón por la que desde el mismo momento de la caída de Tenochtitlán, los españoles destruyeron la ciudad más grande y bella en el mundo de aquellos tiempos.
La intención era borrar completamente cualquier vestigio de la gloria de la civilización vencida. El segundo paso fue negarles a los vencidos la condición de seres humanos y tratarlos como animales. La tercera medida fue declarar demoníaca su religión y por ende toda su cultura.
En los primeros trescientos años de colonización los españoles nacidos en España (gachupines) negaron y despreciaron sistemáticamente la cultura de los pueblos vencidos. En los últimos doscientos años los españoles nacidos en esta tierra (criollos) han mantenido este sistema, sólo que le han hecho pequeños cambios para dejarlo igual.
El resultado es que la inmensa mayoría de mestizos no conoce y desprecia la parte indígena de su ser. Consideramos que bien podría ser un 80% de la población. Otro 10% son parte viva de esta herencia y los llamamos peyorativamente “indios” o más modosamente, a manera de eufemismo, “indígenas”.
El 10% restante de los “mexicanos” son ese 10% que posee la riqueza de esta nación y que se mantienen ideológicamente como “criollos”, defienden a ultranza su descendencia europea y en muchos casos son recién avecindados en este país, en donde no tienen ni tres generaciones de depredar al pueblo que les dio asilo.
Ese 80% de los mexicanos “desindianizados” como los llamó Guillermo Bonfil Batalla se la pasan tratando de ocultar, negar, camuflajear sus raíz cultural indígena. Algunos tratan de hacer “milagros” para cambiar su morfología, con cirugías plásticas, cremas blanqueadoras y colorantes de cabello.
La mayoría que logran educarse académicamente son verdaderos “extranjeros en su propia tierra”. Entre más altos grados académicos logran y poder adquisitivo, más se alejan de su raíz madre. Se aferran como náufragos a “la cultura de las bellas artes europeas” y a la cultura grecolatina. Para ellos “lo mexicano” es de mal gusto, elemental y primitivo... a lo más, folklórico.
Es cierto que es un error generalizar, pero también es cierto que por desgracia es lo común en nuestra sociedad y cultura dominante. No podemos tapar el sol con un dedo y fingir que no nos damos cuenta.
El mexicano promedio no conoce la historia antigua de su civilización madre. Lo poco que sabe es la versión de los vencedores. Aquella que habla de “La Batalla de la Noche Triste”, cuando nuestros Viejos Abuelos derrotaron a los invasores extranjeros.
Lo poco que sabemos se reduce al “formidable imperio azteca”, que fue “la pura invención de los conquistadores”, pues el esplendor del México Antiguo se dio entre el año 200 a.C. y el 850 d.C. muchos siglos de distancia de la invasión y cuando llegaron la civilización estaba en medio de una decadencia cultural.
El mexicano común desconoce las bases, los logros, los alcances científicos, sociales, artísticos y fundamentalmente espirituales que llegaron a tener nuestros antepasados. No tiene idea de los tres períodos conocidos como Preclásico, Clásico y Postclásico. No tiene la menor idea de la trascendencia de las culturas olmeca, maya, zapoteca, mixteca, tolteca o mexica, que se dio a lo largo de siete mil quinientos años de historia.
Borrosamente conoce muy poco de lo que fue en verdad la Conquista y muy poco de la Colonia. El XIX y el XX no existen en la memoria del mexicano común. El mexicano vive ajeno a su pasado y por eso no sabe quién en verdad es él. No puede aspirar a un futuro porque no tiene pasado y no entiende el presente.
En medio de la pobreza material y espiritual vaga con los hijos colgando de quincena en quincena, asido sólo al canal de las barras y las estrellas. En medio de la explotación, el rechazo y la auto denigración.
Amable lector, ¿creerá usted que exagero? Colón cuando llegó a este continente (sabe usted que nombre le pusieron por miles de años nuestros Viejos Abuelos a su tierra), confundió a sus habitantes y les llamó “indios”, porque él creía que había llegado a la India.
¿Sabe usted que nombre se daban a sí mismos nuestros antepasados? Por qué tanto desprecio de nosotros contra nosotros mismos al seguir llamado, terca y despreciativamente a los pueblos originarios “indios”.
Sabía usted que los criollos cuando le arrebataron el territorio a los gachupines a través de la Guerra de Independencia le pusieron a su nuevo país México, pero...¿sabe usted el nombre que le daban por milenios los antiguos mexicanos al territorio que hoy conforma nuestra nación?
No le parece muy “curioso” que la mayoría de los mexicanos no sepamos nada de nuestro glorioso pasado perteneciente a la civilización madre?
Indiscutiblemente que los mexicanos formamos un pueblo y una cultura mestiza, pero: si tenemos siete mil quinientos años de desarrollo humano, historia y cultura “indígena” y quinientos años de cultura europea, africana y asiática...
¿ha pensado en que porcentaje esta su mestizaje? ¡Si, el de usted!
 
Fiesta de La Guelaguetza
Cuatro ediciones organizadas por el gobierno en donde se cobra la entrada
Una organizada por la CENTE Sección XXII entrada libre.
 
 
 
 
 
 

jueves, 11 de agosto de 2016

EL RACISMO ECONÓMICO EN LA CONFORMACIÓN DE MÉXICO



El Estado necolonial criollo, desde 1821, creó su país “de ellos y para ellos”, en dónde los pueblos anahuacas fueron excluidos de las grandes decisiones y solo fueron usados como carne de cañón para sus interminables enfrentamientos entre conservadores y liberales, panistas o priistas; o como mano de obra esclava para la explotación y depredación del territorio del Anáhuac.
México es un país que tiene sus raíces más profundas en la injusticia y el despojo, pero sobre todo, en la deshumanización “del otro”, el indígena, el vencido, el peladito, el naco. El racismo en México es estructural y se sustenta en “la ideología criolla”.
Conferencia en CDMX, en el Museo de la Ciudad, sábado 13 de agosto a las 13 hrs. Entrada Libre.

martes, 19 de julio de 2016

EL PENSAMIENTO ÚNICO Y LOS MEDIOS

El concepto de “Pensamiento Único” es bastante viejo, viene desde el siglo antepasado, cuando Arturo Schopenhauer afirmó que, es el pensamiento que se sostiene a sí mismo, estructurándose como una “lógica independiente”, que no necesita hacer referencia a otras estructuras de pensamiento.
Para el filósofo Hebert Marcuse, en el siglo pasado, el pensamiento único es el que impone la clase dominante y los medios, “Su universo del discurso está poblado de hipótesis que se autovalidan y que, repetidas incesantemente y monopolísticamente, se tornan en definiciones hipnóticas o dictados” (El hombre unidimensional, 1964).
Pero más reciente tenemos la definición que hizo Ignacio Ramonet, “El pensamiento único es la traducción a términos ideológicos de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en especial las del capitalismo internacional”.
Lo que estamos viendo en México es la estructuración de un pensamiento único, dictado por los actores gubernamentales, la televisión y la radio comercial. El gobierno es el único que tiene la razón, es indiscutible e innegociable, se basa en la ley, “que es inamovible e innegociable”.
Las Reformas Estructurales se hicieron gracias al “Pacto por México” (cambiando las leyes de la Constitución), que firmaron y corruptamente y mansamente todos los partidos políticos.
El Poder Legislativo legisló al vapor. No se estudiaron, discutieron y analizaron las reformas a la Constitución, como estarían obligados los legisladores que deben proteger los intereses de los ciudadanos que los votaron y les pagan por su trabajo.
Menos aún, por las consecuencias que estas reformas traerían al pueblo, no se hizo un plebiscito, como se hace en cualquier país democrático. Nada de eso, todo fue un hecho consumado a espaldas del pueblo y “rapidito”.
Observando las Reformas Estructurales, podemos ver que efectivamente, “podrían” mejorar la macroeconomía (en manos de unos cuantos euromexicanos y de la mayoría de las empresas trasnacionales) y sin embargo, estamos apreciando como la economía se colapsa.
El “compartir” el petróleo con la iniciativa privada trasnacional (nuestra mayor riqueza), en ningún lugar ha dado buenos resultaos, por el contrario, las privatizaciones se están revirtiendo y están volviendo a poder de los Estados, como en Rusia o Brasil.
Las privatizaciones de los sistemas de salud y educación, -por ser un negocio-, benefician a unos cuantos y perjudican a las mayorías. En pocas palabras, el modelo económico dictado por la OCDE, es el mismo de Estados Unidos, pero las condiciones económicas, políticas y sociales, son totalmente asimétricas.
Pero lo peor de todo es que, el Presiente Enrique Peña y su equipo, se han caracterizado por hacer las cosas mal, torpe y opacamente, hundidos en un pantano de corrupción (reconocido públicamente) e impunidad, como nunca se había visto.
La respuesta a las críticas de la oposición pensante (que no política), es la censura, como el caso de Carmen Aristegui, o el de la expulsión de grupo de expertos internacionales del GIEI en el caso Ayotzinapa.
La cerrazón a expertos independientes, ONG´s nacionales y extranjeras, instituciones de enseñanza superior, en temas como la educación, salud, energía, transgénicos, la democracia política, alimentación, seguridad, entre otros temas. “Están equivocados todos ustedes, nosotros tenemos la verdad”.
Para el Presidente, él y su equipo poseen la verdad, y no hay posibilidad de error o flexibilidad para escuchar y negociar. Todo debe hacerse de acuerdo “a la ley”, que ellos mismos reformaron a modo, sin consulta, análisis o discusión democrática.
Por consecuencia el país sufre de “mal humor social”, mucha gente se empieza a dar cuenta que las reformas ya le están perjudicando en su bolsillo, en su trabajo, en su negocio o en su pequeña empresa. El país va en picada.
Frente al “pensamiento único” de unos cuantos, se requiere el “pensamiento crítico de las mayorías”.
Se necesita de ciudadanos responsables y conscientes que le digan ¡NO!, a las mentiras de los medios que saturan, no con noticias, sino con “juicios sumarios”, con descalificaciones a quien no está de acuerdo con “la verdad histórica” del funcionario en turno.
Porque ese es el otro punto amable lector. Es vergonzosa la actitud de los medios masivos, televisión, radio y prensa, que no solo se han puesto totalmente de parte del gobierno y en contra de las voces disidentes o críticas. Sino los medios se han convertido en tribunales de la inquisición que cobran a destajo al Estado.
Nadie tiene “la verdad en la mano”. Todos tienen una parte de la verdad y una parte del error. Nadie es totalmente malo ni totalmente bueno. 
Las Reformas Estructurales se hicieron a espaldas del pueblo para beneficiar a los poderosos y el capital internacional, y perjudican al pueblo.
El respeto al inalienable derecho de disentir, es lo que nos separa de una dictadura. El gobierno del Presidente Peña Nieto no puede y no debe cerrar  las puertas a la crítica, el análisis y el derecho a disentir.
Tenemos que aprender a respetarnos, a no descalificarnos y sobre todo, a escucharnos. La concordia, el bienestar y la paz, requieren forzosamente del “respeto al derecho ajeno”.





lunes, 11 de julio de 2016

LA REBELIÓN DE LOS PROFESIONALES INDÍGENAS

Desde 1519 los pueblos y culturas del territorio de lo que hoy es México, han sufrido una invasión y destrucción de su civilización ancestral. Tres siglos por la corona española, y los últimos dos, por los criollos, es decir, la ideología explotadora de los extranjeros avecindados.
México vive un régimen colonial, en donde hay castas, racismo económico y social, pero sobre todo, una explotación desmedida de las personas y los recursos naturales.
El ejemplo más claro de esta situación lo demuestran las cifras duras de la explotación. Durante los tres siglos coloniales, los españoles sustrajeron 190 toneladas de oro; en los últimos diez años las transnacionales mineras han sustraído 774 toneladas de oro, la explotación de las personas y los recursos naturales sigue, y es más fuerte y atroz que en el periodo colonial español.
El Estado necolonial criollo se disfraza hipócritamente como un país democrático e igualitario, pero la realidad es insostenible con más de la mitad de la población en pobreza.
Esto se debe, justamente, por algo que ha caracterizado a los criollos desde el siglo XVI, su inmensa ineptitud. Los criollos en 1821 recibieron un territorio que iba desde la frontera con Alaska hasta Panamá y en estos doscientos años han ideo perdiendo territorio, soberanía, autosuficiencia, hasta entregarse mansa e indignamente a los designios del poder económico mundial, especialmente del gobierno de Salinas hasta la actualidad. Esta es la realidad.
El gobierno del Presidente Peña Nieto ha sido el más torpe y con más errores, -todavía más-, que el de Vicente Fox y Felipe Calderón. Tantos fracasos y contradicciones lo llevan al agotamiento a la mitad del sexenio.
El descrédito es total a nivel internacional, hasta el Presidente de E.U., públicamente le enmienda la plana y lo ridiculiza, haciéndole ver que el trabajar por los pobres no es populismo.
Nunca antes en la historia un presidente mexicano había sido ridiculizado como lo hizo Obama a Peña, esto es un asunto muy grave y solo es la punta del iceberg.
La torpe matanza de Nochixtlán, es la gota que derrama el vaso, y trae como consecuencia una insurrección popular en varias partes del país. El pueblo empieza a percibir que las “reformas estructurales” atentan contra el bienestar de su familia y de su futuro.
A pesar de la indigna cobertura mediática, las redes sociales le tienen contada la vida a la TV y la radio, la gente se empieza a informar a través de la gente, el control mediático empieza a cuartearse.
Y el punto de esta entrega, amable lector, es la reflexión sobre la participación del pueblo indígena en esta rebelión. En 1994 se levantaron los anahuacas mayas del estado de Chiapas ante el gobierno de Salinas. Campesinos indígenas, que después de diez años de análisis del modelo colonial que se les impuso durante cinco siglos, se levantan en armas con un ¡ya basta!
Los logros de este movimiento insurgente han trascendido las fronteras y fueron las semillas de movimientos anti explotación en Europa y E.U. La conciencia y organización comunitaria fue el camino que dejaron los zapatistas a los inconformes en contra del capitalismo salvaje y la globalización.
El “mandar obedeciendo”, es producto de una experiencia de organización con más de 3500 años de la civilización del Anáhuac. El movimiento zapatista, pese al cerco mediático ha sobrevivido y en un “buen auto gobierno”, viven más de un cuarto de millón de ciudadanos mayas. Ellos si tienen futuro.
Lo interesante de esta rebelión a partir del 19 de junio en Nochixtlán, es que son “los profesionistas indígenas”, es decir, el magisterio oaxaqueño, quien se enfrenta a las reformas entreguistas de la nación.  Aunado a esto, se suman los pobladores indígenas de la mixteca en defensa de sus maestros y el movimiento magisterial se transforma en un movimiento social, que recoge las demandas e inconformidades de muchos sectores del país.
Este es el punto. Nuevamente es el “México profundo”, la Cultura Madre, que alienta a sus hijos a la defensa de su dignidad y sus derechos.  El “México imaginario”, es decir, la gente en el poder, no solamente le ha dado la espalda a la Cultura Madre, sino permanentemente la trata de destruir.
El Anáhuac es una civilización que sigue viva por más que se niegue y se presuma extinta. La organización comunitaria en vez de la corrupta organización política.
El mandar obedeciendo al pueblo en vez de mandar obedeciendo al capital extranjero.
El bien común en vez del interés privado.
Esto es lo que somos como pueblo milenario.
El proceso de colonización mental es la base de la injusticia.
El hacer crear al pueblo que nada tiene que ver con sus milenarias raíces es la base y fundamento, la fuerza de la injusta explotación que vive el pueblo de México.
El futuro de la Matria radica en el conocimiento de su pasado y la revaloración de sus potencialidades históricas.  
Fotografías del Tollan de Mitla, (zona arqueológica de Mitla, Oaxaca).