miércoles, 23 de agosto de 2017

LA COLONIZACIÓN DE LA HISTORIA

Cuando los militares tomaron el poder en Argentina, se dedicaron, entre otras cosas, a asesinar a las parejas jóvenes que eran “subversivas”, se supone que hubo alrededor de 30 mil desaparecidos y se quedaban como botín de guerra con los bebes, que se calcula fueron 500, entregándolos a familias de militares o personas de ideología fascista, quienes los criaron como sus padres. En 1997 se creó la organización “Abuelas de Plaza de Mayo”, cuyo objetivo es localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños desaparecidos. La pregunta fue, ¿se debe decirles la verdad a personas adultas? Decirles, que aquellos que creyeron eran sus padres fueron los asesinos de sus verdaderos padres. La respuesta fue SI, por dolorosa que sea, la verdad tiene mayor fuerza ética y moral.
De alguna forma, es el mismo caso del Estado Mexicano necolonial criollo, que ha hecho lo mismo con la “historia Prehispánica” del pueblo de México. Ha colonizado la historia para crear una “verdad histórica”, que explique, las relaciones de poder, económicas, políticas, sociales, educativas, religiosas y culturales, de un país sumido en la pobreza, la explotación, la injusticia, el abuso, el racismo y la ignorancia de la mayoría de los “mexicanos”. Una “historia oficial” que haga ver lo inaudito, como algo lógico e históricamente correcto.
La “verdad histórica de la época prehispánica”, favorece a un pequeño grupo de extranjeros y de hijos de extranjeros y traidores locales, que se han beneficiado económicamente de las condiciones de vida de la gran mayoría. Élites que jamás han sentido al pueblo y sus milenarias culturas, como algo propio y valioso, por el contrario, han pretendido el exterminio físico y epistémico, la desvaloración de su cultura y, sobre todo, la MANIPULACIÓN de la historia. 
Estos beneficios inmorales e ilegales, están sustentados en tener sumido al pueblo en la ignorancia, no solo para mantenerlos anestesiados y en estado zombi, sino, fundamentalmente, para sumergirlos en la “ignorancia de sí mismos”; es decir, en la pérdida de la memoria histórica y la identidad.
La Civilización del Cem Anáhuac es una de las seis más antiguas y con origen autónomo del planeta; y la que logró alcanzar la más alta calidad de vida para todo su pueblo. Desde 1521 se inició, por los invasores, una estrategia de destrucción total y negación de los logros y la sabiduría ancestral, creada por las personas de conocimiento a lo largo de muchos siglos. Los Maestros llamados toltecas, que, en los Tollan desarrollaron la Toltecáyotl, la sabiduría y las instituciones ancestrales. Desde la invención de la agricultura, el maíz y la milpa, hace diez mil años, pasando por los más de diez siglos de esplendor en el periodo Clásico, hasta su misteriosa partida a mediados del siglo noveno, la Toltecáyotl le dio a lo que hoy es México, las bases más antiguas y profundas de su identidad, basada en una sabiduría tan valiosa e importante como el hinduismo o el zoroastrismo, para India o Mesopotamia. 
Sin embargo, el Estado mexicano necolonial criollo, ha tratado, por todos sus medios, sean la SEP, la tv., la radio, y ahora la multimedia, de esconder y tergiversar este tesoro de sabiduría, que puede cambiar las condiciones de vida de las mayorías, al recuperar su memoria histórica, su verdadera identidad y su sabiduría ancestral. Porque esa sabiduría de vida llamada Toltecáyotl, es la herencia cultural más importante que posee el pueblo.
El Estado Mexicano de ideología necolonial criolla, ha creado una falsa identidad, a través de las mentiras que escribieron los conquistadores, misioneros y anahuacas conversos. La tergiversación histórica comienza con las mentiras que crearon los mextin, al conformar un Estado imperial, con una ideología mística, materialista y guerrera. En efecto, fue Tlacaélel el creador de la Mexicáyotl, convirtiendo a los mextin, pueblo chichimeca nómada cazador, en un “pueblo elegido con una misión divina”. Tlacaélel en su juventud, se educó en el Calmécac de Cholula y ahí le enseñaron La Toltecáyotl. Ante la partida de los toltecas y la amenaza del final del Quinto Sol, Tlacaélel se inventó un destino manifiesto que salvaría al Anáhuac de la profetizada destrucción. Creó un “destino manifiesto”, y designó a “los nuevos mexicas”, como los encargados de sostener el Quinto Sol, a través del poder de su numen tutelar Huitzilopochtli, venido con ellos de las llanuras del Norte y de distorsionar la milenaria sabiduría tolteca. Convirtió a la Toltecáyotl en una nueva versión modificada, llamada Mexicáyotl, en la que, se trasgrede la enseñanza de Quetzalcóatl. 
Desapareció a los mextin de los antiguos memoriales que mandó quemar, y ordenó que se creara una nueva historia, en donde los mextin pasarían a ser mexicas, peregrinarían en busca de una tierra prometida desde un mítico Aztlán, refundarían, el ya poblado islote en una fecha astronómica, declinarían a Quetzalcóatl como símbolo de la sabiduría, la educación y la espiritualidad; y en su lugar encumbrarían a su numen tutelar Huichilopoztli, asociado a la voluntad de poder, la guerra y el mundo material. Crearían una “nueva religión”, tomando como base los ancestrales ritos y ceremonias toltecas, pero ahora, con una nueva ideología. 
La educación se militarizaría, la guerra espiritual pasaría a ser una guerra material contra sus vecinos, imponiendo grandes tributos, como nunca se había dado en la cultura tolteca del Anáhuac. Se crearía la propiedad privada, se incentivará el comercio a gran escala, el cacao se empezaría a usar como instrumento de cambio. En síntesis, se materializaría una forma de vida ancestral de carácter espiritual y el sistema de gobierno se volvería una “máquina de guerra”.
En pocas palabras, los herederos de los primeros jefes tribales chichimecas que bajaron del Norte, como fueron Xólotl, Tezozómoc y Tenoch, se apropiarán y usarán las formas toltecas de la sabiduría ancestral, pero mantendrán su herencia guerrera y nómada, sin llegar a la raíz ancestral, a la esencia del conocimiento civilizatorio del Anáhuac, conocido como Toltecáyotl, salvo el linaje de Xólotl, y por eso, se entiende que Texcoco, siempre fue “diferente”, y trató, de mantener viva la esencia tolteca, siendo Netzahualcóyotl el último tlatoani tolteca del Anáhuac. 
Después de la caída de Tenochtitlán en 1521, los guerreros nahuas que combatieron por la causa de los invasores, y los guerreros nahuas que fueron derrotados, se unieron con los españoles e iniciaron la conquista del Cem Anáhuac. En el siglo XVI los descendientes de los linajes de los gobiernos nahuas, que se educaron y occidentalizaron, empezaron a escribir una historia distorsionada de sus antepasados, en la que aparecieron, “los reyes, las reinas, príncipes y princesas indígenas”. 
Entre otros personajes podemos mencionar a Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Esto lo hicieron para demostrar que ellos pertenecían a “la nobleza indiana”, por lo cual recibían trato preferencial y prebendas. En el siglo XVII, los criollos iniciaron su lucha en contra de los peninsulares por el poder, de esta manera, a los mexicas los transformaron en “los griegos” de la ideología criolla, en la que empiezan a inventar una “historia mexicana”, en donde los mexicas y los conquistadores, son los cimientos de la nación de los criollos. Entre otros personajes, podemos nombrar a Francisco Javier Clavijero, como el “padre de la ideología criolla”. 
En el siglo XIX, el porfiriato uso a los mexicas como la génesis del Estado Mexicano. Entre otros personajes de esta corriente, podemos mencionar a Alfredo Chavero. En el siglo XX, los mexicas ocuparán “el sitio de honor” de la historia oficial del Estado Mexicano neocolonial criollo, y serán usados, como una cortina de humo, para que el pueblo no conozca la ancestral civilización Madre, ni su filosofía conocida como La Toltecáyotl, la sabiduría ancestral y los valores y principios, que llevaron a nuestros antepasados a lograr la más alta calidad de vida para todo un pueblo en la historia de la humanidad. El neocolonizador nos ha quitado la memoria histórica, los recuerdos ancestrales.   
Un pueblo amnésico, inconsciente y desmemoriado, que a fuerza de la encomienda, la Santa Inquisición, las minas, las haciendas y las leyes coloniales, se le usó, en el nuevo orden económico y político, como mano de obra esclava, sin ningún derecho, salvo el de “salvar su alma” a través de la religión impuesta a sangre y fuego, se le ha tenido prohibido “recordar”: que estas tierras, por milenios fueron de ellos, recordar quiénes fueron sus antepasados, cuáles sus logros, cómo vivían, cuáles sus valores y principios, cuáles sus leyes, autoridades e instituciones.
El régimen colonial español, durante trescientos años, los “descubrió”, los castellanizó, los cristianizó, los educó, los enseño a trabajar y a vivir como seres humanos civilizados a la manera europea. El régimen neocolonial criollo, durante los últimos doscientos años, los alfabetizó, los modernizó, los desarrolló, los democratizó, los globalizó, integrándolos al sistema económico mundial, como consumidores compulsivos y trabajadores maquileros. En síntesis, los pueblos y culturas del Anáhuac, en estos quinientos años, han sido convertidos en zombis y sus ancestrales culturas, avasalladas por una “modernidad” que no termina de llegar desde 1521.
En estos cinco siglos de despojo, violencia, abuso e injusticia, a los herederos del Anáhuac, a los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos toltecas, les han quitado: la lengua, la memoria histórica, los conocimientos, los espacios y la espiritualidad, para dejarlos indefensos, frágiles y vulnerables. 
Aptos para cualquier explotación o injusticia. Cómo, no saben quiénes son, de dónde vienen y a dónde van, por la pérdida de su memoria histórica, naufragan en el “laberinto de la desolación”, tratando torpemente de ser españoles tres siglos, franceses un siglo y en el siglo XX, “gringos de tercera, en vez de anahuacas de primera”.
Sin embargo, en el siglo XXI se ha creado un movimiento “nacionalista”, que busca recuperar “la identidad prehispánica”. Desde la década de los años setenta, a través de la danza conchera, se creó la llamada “danza mexica o danza azteca”, que es una variante de la danza de resistencia, que se mantuvo en los atrios camuflada con la religión del colonizador. 
Pero este movimiento ha cobrado mucha fuerza en lo que va del presente siglo. Personas cansadas del fracaso del paradigma de la felicidad, propuesto por la modernidad, desilusionadas de las filosofías orientales occidentalizadas y comercializadas, buscan en las culturas y sabidurías de los “pueblos indígenas”, un espacio de realización humana.  
Muchos grupos de personas de todas las edades han empezado una búsqueda de la raíz cultural. El problema es que han tomado a los mitos y fantasías del llamado “Imperio Azteca” o cultura mexica, como la fuente de su inspiración. 
El problema de esta búsqueda, es que resulta superficial y poco comprometida, en la medida que no se investiga con un pensamiento crítico y analítico. Se parte de “la historia oficial” del Estado necolonial criollo, y se toma su discurso, como un dogma. Sin cuestionar los libros de texto, los libros y discursos de la academia al servicio del Estado y las fuentes escritas en el Siglo XVI.
El Estado Mexicano, es heredero y producto del Virreinato de la Nueva España. El país, que en 1821 fundaron los criollos, ha sido, “de ellos y para ellos”, el pueblo ha estado ajeno a la toma de decisiones del gobierno y de la iniciativa privada. El pueblo solo ha sido usado como “carne de cañón” para las luchas fratricidas entre los criollos, como mano de obra casi esclava y como voto duro en las corruptas elecciones para legalizar los gobiernos neocoloniales.
Si el Estado Mexicano históricamente ha sido enemigo del pueblo y sus culturas ancestrales, por qué tomar “su historia oficial prehispánica” como verdadera. Para el Estado Mexicano solo existe, -en la “historia prehispánica”-, los mexicas, los demás pueblos y culturas han sido reducidos a su mínima expresión, acaso solo con una categoría arqueológica-turística. 
Para el Estado Mexicano apenas aparecen los mayas, y esto se debe a los investigadores extranjeros, no a los “eruditos” colonizados arqueólogos “mexicanos”. 
Pero para el Estado Mexicano las culturas zapoteca, mixteca, purépecha, nahua, totonaca, por citar algunas, no existen, ni arqueológicamente en el pasado, y menos en el presente, como pueblos vivos con derechos históricos. 
Ya no se diga los pueblos del Centro Norte del país, como los yaquis, mayos, tarahumaras, pames, otomís, por nombrar algunos. Para el Estado solo existe, en “la historia prehispánica oficial”, los mexicas o aztecas. 
Para el Estado mexicano “el indio muerto prehispánico” es el que tiene valor y atención. De esta manera, los mexicas, ocupan el sitio preferente y sobresaliente del discurso identitario oficial. Comenzando con la zona arqueológica del Templo Mayor, la sala principal del Museo Nacional de Antropología e Historia, el libro de texto, las investigaciones y textos de los historiadores y arqueólogos al servicio del Estado; quienes son, multi premiados y reconocidos, que adornan los foros político-ideológicos del Estado, especialmente en los días “significativos”, como el día de los pueblos originarios, el día de las lenguas indígenas, etc. 
Estos eméritos personajes, “los oficiadores del culto a la Versión de los Vencidos”, los reforzadores de la “verdad histórica prehispánica”, los personeros de la historia colonizada. Los hijos del “México imaginario” que nos señala el Dr. Guillermo Bonfil Batalla.  
Para el Estado Mexicano necolonial de ideología criolla, mientras la gente trate de convertirse en “feroces guerreros aztecas”, mientras se emplumen y dancen, mientras “vuelvan a su origen” en el temazcal el fin de semana y se tatúen, no existe peligro alguno de que recuperen su memoria histórica, su identidad y su dignidad. 
Mientras se conviertan en “guerreros aztecas”, adoradores de la Mexicáyotl, todo quedará en una moda más, inocua e intrascendente, que en nada afectará las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas del Estado necolonial criollo. El sistema necolonial seguirá vigente y fortalecido, sin peligros y asechanzas. El pueblo seguirá anestesiado, con los ojos cerrados y el corazón fragmentado. 
Lo que no está permitido, -categóricamente-, es que recuperen su memoria histórica ancestral, su identidad milenaria, su dignidad existencial. Que no conozcan, ni piensen, en el sistema de alimentación milenaria y su capacidad de ser autosustentable y abastecerse de energía. 
Que olviden la sabiduría ancestral, de las ciencias de la salud física, emocional y espiritual, que desconozcan el potencial biófilo de sus hermanitas, las plantas, para mantener y acrecentar la energía, para recuperar el equilibrio y el bienestar. 
Que desconozcan la pedagogía y didáctica ancestral del primer sistema de educación de la humanidad, creado por sus antepasados, que refrena y orienta la energía de los niños y jóvenes, que no distinga sus valores, principios y fundamentos de la educación familiar y comunitaria que todavía subyace en nuestros tiempos, que no pretendan forjar “rostros propios y corazones verdaderos” en sus hijos. 
Que desconozcan la democracia participativa, más antigua y vigente de la humanidad, que no posean la conciencia de servir a la comunidad y de que la autoridad debe “mandar obedeciendo” a la Asamblea, que no se inspiren en las formas ancestrales de gobierno democrático participativo, de las comunidades indígenas y campesinas del país, que no posean la sabiduría para organizar y canalizar la energía comunitaria.
Pero, sobre todo, lo que pretende el Estado necolonial es que los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos, no tengan la conciencia de su ser histórico, la conciencia de la sacralidad de su existencia, y menos aún, que no tengan conciencia del potencial existencial de su ser energético. En pocas palabras, que no tengamos futuro como seres humanos dignos y herederos de una de las mayores sabidurías creadas en la historia de la humanidad. 


La idea, es dejarnos huérfanos, vencidos y desolados, con "La Visión de los Vencidos". Esta es la razón por la cual la Historia de la Civilización del Anáhuac se ha reducido a la historia de “la cultura mexica”. La Toltecáyotl ha quedado reducida a una limitada y tergiversada visión guerrera-imperial, del mundo y la vida llamada Mexicáyotl, que los neo-mexicas llaman “mexicanidad” y que se convertido en una nueva moda “new age” comercial. 
De esta manera, queda garantizada la continuidad de la colonización mental, cultural y espiritual, que seguirá manteniendo a una élite parásita y corrupta, que se ha enriquecido ilegal e inmoralmente a partir de la ignorancia de sí mismos, del pueblo de este país. 
Es un delito, de lesa humanidad, secuestrar la memoria histórica de una nación, y privar, a todo un pueblo, de su milenaria historia y filosofía ancestral, para que se diluya en mentiras, mitos y fantasías, la historias de una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del planeta. 
En “El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, se señala que todo aquel acto tipificado como exterminio y persecución de grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos culturales, étnicos y raciales que cause intencionalmente grandes sufrimientos o atente gravemente contra la integridad física o la salud mental, es materia de un delito de lesa humanidad”. 
La Toltecáyotl es Patrimonio Cultural de la Humanidad, y debe de restituirse al pueblo que la generó, para fortalecer su presente y potenciar su futuro.
Se requiere descolonizar la historia, investigar y restituir, la “verdadera historia”, para que la conozca el pueblo, como un acto de soberana dignidad, y cancelar definitiva y de raíz, todas las formas de la colonización. 
El desafío es enorme, pero vale muy bien la pena luchar esta “Batalla Florida”, después de cinco siglos de luchar por las ideas y los intereses de nuestros opresores, empezar de nuevo, a luchar por lo “propio-nuestro”. Por nuestro futuro, por nuestra Matria, por el Anáhuac.
No podemos salir del calabozo de la colonización con las ideas y los valores de los colonizadores. 
Lo difícil no es hacerlo…sino imaginarlo.


Oaxaca
Verano del 2017

viernes, 21 de julio de 2017

COLONIZADOS Y ENFRENTADOS...Los pantanos en el laberinto de la identidad

Existe una falsa pugna entre las personas que, en busca de la raíz ancestral, se asumen culturalmente como descendientes culturales de los mexicas, última cultura que bajó del Norte en busca de tierras más fértiles para vivir. Y aquellos que se asumen como descendientes de la “cultura tolteca”.
Lo cierto, es que es una confrontación estéril y muy autodestructiva. Finalmente, en busca de nuestra milenaria identidad cultural, -como pueblo-, quedamos con los mismos problemas de las izquierdas latinoamericanas, “dividas y enfrentadas”, bajo el auspicio del capitalismo. Y fue justamente, como de esta manera, Hernán Cortés y Malinche, lograron provocar una guerra fratricida en el Anáhuac, para finalmente, después de dividirnos y enfrentarnos, dominarnos fácilmente. Históricamente, desde 1519, la conquista, la hemos hecho los anahuacas.
El fanatismo encuentra su pleno desarrollo en las “tierras de la ignorancia”, y éstas se abonan con la intolerancia y la agresión. Nadie los “sabe todo”, y nadie, “tiene la verdad en la mano”. “La verdad de la verdad”, es que es múltiple, diversa y muchas veces opuesta. En efecto, “el mundo”, no es tan sencillo, plano y “real”. Por lo mismo, la Historia, es bastante confusa y relativa. Por ejemplo, un hecho acaecido el día anterior, en un periódico tendrá una lectura y en otro, una lectura opuesta. El mismo hecho, un día después, será visto desde dos “perspectivas históricas” diferentes.
Más aún, en la historia milenaria. Pero si a esta historia antigua, se le suma los siguientes elementos: la escriben los vencedores, la difunde el Estado, está censurada por la iglesia y manipulada por la cultura dominante; el resultado es que “esa historia”, es más un libro de cuentos, fantasías e injurias, que buscan la “confusión cultural” del pueblo colonizado. 
Ya el antropólogo Leonel Durán Solís, nos dice que, la colonización está sustentada en la estrategia de amputarle al pueblo invadido-sometido-ocupado, cinco elementos culturales, para dejarlo en estado catatónico, indefenso y en total vulnerabilidad. Para colonizar a un pueblo se le debe quitar: Los lenguajes, la memoria histórica, los conocimientos, los espacios y la espiritualidad. Cuando el invasor-colonizador le quita estos cinco elementos culturales a los invadidos-colonizados, da por resultado que los pueblos quedan: mudos e inexpresivos, amnésicos y ajenos a sí mismos, estúpidos incapaces de crear y recrear su mundo y transformar su realidad; y fanáticos, adheridos tercamente a ideas que el colonizador le marcó con fuego en la frente. Cuando una persona, una familia o un pueblo los dejan en estas condiciones, los convierten en un zombi al que se le puede hacer, quitar, imponer, lo que sea; que él, no moverá un dedo para cambiar su condición y por el contrario, se convertirá en un “colonizado-colonizador”, de su propio pueblo. 
Leonel Duran propone “La Quíntuple Recuperación”, es decir, recuperar las lenguas y los lenguajes; la memoria histórica a partir de los recuerdos personales, familiares y comunitarios, es decir, la historia oral, de carácter local, regional y nacional. El desafío es claro, pero inmenso. Se le debe quitar el protagonismo a “la academia occidentalizada” y a la cultura dominante “rescatadora de la cultura ancestral” y poseedora única de “la cultura universal”.
Para el caso de la historia de la civilización del Cem Anáhuac, se debe hacer las siguientes consideraciones para iniciar la recuperación. 
Primero, “equivocadamente”, se sigue tomando como “verídicas fuentes históricas”, lo escrito por conquistadores y misioneros. Textos que tienen estos severos problemas: No están escritos con un espíritu de imparcialidad y objetividad. Tienen objetivos personales, institucionales, religiosos y pretenden exaltar y denostar a conveniencia. Vienen de una cultura de mil años de oscurantismo y fanatismo cultural y religioso, como fue La Edad Media y el dominio opresor del Vaticano. No tenían el objetivo y menos el interés de describir o documentar, “algo desconocido”, por el contrario, “lo desconocido lo dieron por conocido”, es decir, un mundo diferente lo quisieron subsumir en su mundo conocido. Comenzando con que creyeron llegar a la India y hasta la fecha llaman a los anahuacas “indios”. 
Y finalmente, entre más se conoce la verdad, se entiende que la visión del mundo y la vida europea de finales del siglo XV y principios del XVI, era mucho más limitada que la de la civilización del Anáhuac. Simplemente el castellano de aquella época, comparado con el náhuatl, era mucho más pobre y limitado. La concepción del mundo occidental era que la Tierra era plana; para el Anáhuac, la Tierra era un ser vivo y con conciencia, que estaba en un sistema solar, y éste, estaba en una galaxia, y que la Tierra tardaba exactamente, 25625 años en giraba en torno al centro de la galaxia, conocida esta medida astronómica como “La Cuenta Larga”.
Otra consideración importante es que, durante los tres siglos de Colonia, los españoles trataron de destruir todo vestigio de la civilización invadida y derrotada. Ideológicamente la invasión implicaba “la construcción de otra realidad”, llamada La Nueva España. 
Durante el siguiente siglo y medio (1821-1960), los poseedores del gobierno y el poder, del Estado necolonial con ideología criolla, vieron en la civilización ancestral del Anáhuac, el símbolo del atraso y la barbarie. Dejaron que impunemente los saqueadores europeos se llevaran todo lo que encontraron y que había sobrevivido al epistemicidio Colonial. 
Finalmente, desde mediados del siglo XX, la ideología criolla de “los mandones”, utilizaron la historia ancestral como “remoto antecedente” de su país. Utilizaron, como una fuente de riqueza turística los vestigios materiales del Anáhuac, y como un atractivo turístico, los elementos culturales sobrevivientes a los que les llaman “folclor”.
Una última consideración, es que, de manera dolosa, el Estado necolonial criollo a través de la SEP, los medios y los historiadores al servicio del sistema, han hecho pensar al pueblo que el pasado “Prehispánico de México”, recae únicamente en la cultura mexica (1325-1521). La peregrinación y la fundación de la gran México-Tenochtitlán, ocupa toda la memoria histórica “propia-nuestra”. De esta manera, no solo desaparece los mil años de esplendor de la cultura teotihuacana (200 aC a 850 dC) y las culturas florecientes en el periodo Clásico como la maya, zapoteca, mixteca, purépecha, totonaca, entre otras.

El Estado necolonial criollo ha desestimado la milenaria historia ancestral del Cem Anáhuac, con aproximadamente diez mil años de antigüedad, desde la invención del maíz y la agricultura en Oaxaca y Puebla. El llamado periodo Preclásico es “despreciado” por arqueólogos e historiadores del sistema. Cómodamente han dejado que investigadores de otros países, financiados por universidades, ong´s y gobiernos, “inventen-investiguen” esta época histórica. Sin embargo, para cimentar una sólida memoria histórica, se debe tener en cuenta el gran esfuerzo que hicieron los Viejos Abuelos, al pasar a ser nómadas, cazadores y recolectores, a crear e inventar por sí mismos, toda la infraestructura de conocimiento para que aproximadamente en el 1500 a.C. aparezca la llamada “cultura olmeca” en todo el Cem Anáhuac.    
Uno de los aportes más importantes del periodo Preclásico es sin lugar a dudas, La Pirámide de Desarrollo Humano. En efecto, el gran impulso civilizador se sustentó en los primeros cuatro niveles de la pirámide, es decir, el sistema alimentario, el sistema de salud, el sistema educativo, y el sistema de organización. Esta estructura es la fuente que detonó la creación y surgimiento de una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del planeta.
Una vez que poseyeron los cimientos del periodo Preclásico, se inició la segunda fase, conocida como periodo Clásico o del esplendor, en donde se desarrollaron los siguientes tres niveles que coronan la pirámide. Nos referimos al sistema de conciencia histórica, al sistema de conciencia sacra y finalmente, al sistema de conciencia energética.   
El Cem Anáhuac vio florecer en esos más de diez siglos a las culturas, que en su diversidad, fueron unidas por la Toltecáyotl, que fungió como “la matriz de conocimiento” compartido y diversificado por todas y cada una de ellas. El centro palpitante de estos seres de conocimiento fue Teotihuacan, donde mujeres y hombres, llamados toltecas estudiaban, y regresaban a sus lugares de origen y vitalizaban la sabiduría en sus respectivos Tollan, de acuerdo a sus culturas y lenguas diferentes, pero sin perder la esencia y raíz, que fue La Toltecáyotl.
De este periodo surgieron la mayoría de los Tollan, o fue el periodo en el que alcanzaron el mayor esplendor. De esta sabiduría surgió, por ejemplo: el cero matemático, la invención de los calendarios y la primera calculadora. Es conveniente observar que todas las civilizaciones Madre del planeta: Egipto, Mesopotamia, India, China, Tawantinsuyo y el Anáhuac, sin ponerse de acuerdo, construyeron pirámides; el Cem Anáhuac, fue el espacio con mayor número de pirámides construídas en la historia de la humanidad. Conocer el objetivo, uso y aplicación de estos centros de estudio e investigación, nos llevarán a entender cabalmente la grandeza y verdaderos logros de la civilización Madre.
El gran misterio de nuestra Civilización Madre, y el verdadero origen de nuestros problemas culturales que sufrimos hasta nuestros días, es justamente el llamado colapso del periodo Clásico Superior. Al mismo tiempo, en una “acción concertada”, desde lo que hoy es Nicaragua hasta Canadá, los sabios toltecas literalmente desaparecieron sin dejar explicación posible alrededor de la mitad del siglo IX. 
Abandonaron, destruyeron, quemaron los Tollan y dejaron dicho que regresarían a restablecer la sabiduría y la armonía. Para el caso del Altiplano Central (el más estudiado) el despoblamiento fue casi total, solo quedaron pequeños grupos en lo que fueron poblaciones de linaje de conocimiento tolteca, como Cholula, Texcoco y Colhuacan. Pero pasó los mismo en la zona maya, oaxaqueña, occidente y Costa del Golfo. 
Es aquí en donde inicia el periodo Postclásico o de la decadencia.  El Dr. Alfredo López Austin le llama a este periodo “el Estado Suyuano”. Con el arribo a estas regiones despobladas de grupos chichimecas del Norte a finales del siglo XII al Altiplano. En todo el Cem Anáhuac, las culturas “huérfanas de sus maestros”, pretenden restablecer la hegemonía lograda por los teotihuacanos, pero por las armas. 
Se inicia un periodo de guerras y “transformaciones culturales” que se alejan de la matriz cultural tolteca conocida como Toltecáyotl. Las más graves se dan en el Altiplano Central con los mextin, el último grupo chichimeca que se estableció, primero en Colhuacan y que después tuvieron que huir a Texcoco y habitaron el islote que tiempo después bautizarán con el nombre de Tenochtitlán.    
Los mextin, después de que sus dirigentes se “toltequizaron” en el Calmécac de Cholula, en donde estudiaban la Toltecáyotl todos los hijos de la nobleza que estaba destinada a gobernar en el Altiplano. Y por una coyuntura histórica, en la que se unen los mextin y los texcocanos en contra de los del Señorío de Azcapotzalco para derrotar al tirano Maxtla. 
Tomando el mando de la Triple Alianza, en dónde Moctezuma Ilhuicamina será el tlatoani y Tlacaélel el Cihuacóatl, empezarán un proyecto de expansión sustentado en una nueva ideología creada por Tlacaélel, en la que se desplazará los valores y principios que representaba Quetzalcóatl de origen tolteca (Sabiduría, educación y desarrollo espiritual), y se exaltará los valores y principios representados por Huitziplopochtli, de origen mextin (voluntad de poder, la guerra y el desarrollo material). Este conflicto, solo se da con los mextin en el Altiplano.
Tlacaélel fue el ideólogo de la Mexicáyotl. Tlacaélel comenzó por mandar destruir los códices antiguos, en donde se recogía su llegada al Altiplano en calidad de chichimecas con el nombre de mextin. Manda hacer “una nueva historia” inspirándose en mitos ancestrales, pero personificados por su pueblo. La peregrinación en busca de una tierra prometida, etc., es falso, en cuanto que fuera una historia de los mextin, es cierta, en cuanto que es un mito de origen, no solo del milenario Anáhuac, sino de otros pueblos del mundo. 
Tlacaélel manda cambiar el nombre a los mextin, y los llama mexica. Se crea una historia mítica, una misión divina y se crea la ideología “materialista-místico-guerrera”, conocida como Mexicáyotl. Con las bases de la Toltecáyotl ancestral, pero con las reformas de Tlacaélel. Un pueblo como los mextin, en menos de 81 años (1440 a 1521), no pudieron crear, por ellos mismos, y de la nada, la Mexicáyotl. 
Esta “reforma ideológica” explica el rápido crecimiento material de la Ciudad de México-Tenochtitlan a partir de guerras e imposiciones a los vencidos de pesadas cargas tributarias. La creación de la Toltecáyotl, probablemente tardó, por lo menos tres milenios. La Mexicáyotl no pudo ser creada por los mextin en menos de un siglo. La Mexicáyotl es una “adecuación o transgresión” de la Toltecáyotl.
La Guerra Florida tolteca, en conta del “enemigo interior”, de carácter espiritual; se transformó en la Guerra Florida mexica en contra de sus vecinos. Las escuelas dejaron de ser instituciones para formar “rostros propios y corazones verdaderos” y pasaron a ser escuelas militares. 
Los cargos pasaron a ser por linajes familiares y no por méritos y capacidades. Los milenarios pochtecas toltecas que transportaban los insumos para el culto; pasaron a ser comerciantes y espías. Se inició la propiedad privada, el uso del cacao como instrumento de cambio. Pero, todo esto, solo se dio en el Altiplano Central con los pueblos nahuas de origen chichimeca.
Todas estas reformas y trasgresiones, serán utilizadas justamente por Malinche y Cortés, para crear la guerra fratricida de carácter religioso-filosófico, mal llamada Conquista. Cortés y su banda de facinerosos actuaron como “un virus”, que se fue al “órgano más débil”. Por “las reformas de Tlacaélel”, los mexicas temían el regreso de Quetzalcóatl y esa era su debilidad. 
No así, los demás pueblos y culturas del Cem Anáhuac, que no transgredieron la Toltecáyotl, como los mayas, zapotecos, mixtecos y purépechas, entre otros. Creer que los invasores españoles, solo por ellos mismos, y su supuesta superioridad tecnológica-militar, lengua, religión y cultura, hicieron “la Conquista de México”, es absurdo y poco inteligente.
La “historia oficial” del Estado necolonial criollo, hace creer al pueblo, que la guerra contra los mexicas y la caída de la Gran Tenochtitlán es la “Conquista de México”, y que, a partir del 13 de agosto de 1521 se inicia el periodo colonial. Totalmente falso. 
El 13 de agosto de 1521 inicia la conquista del Cem Anáhuac, y las tropas que la realizarán, no son los pocos españoles que había en ese momento, sino grandes ejércitos pertenecientes a los pueblos de cultura nahua del Altiplano Central. 
Tanto los aliados de Cortés, como los vencidos, que en “los usos y costumbres de la Mexicáyotl”, pasaban al bando del vencedor.
La guerra de conquista del Anáhuac, o, mejor dicho, “la lucha de resistencia de los pueblos y culturas del Anáhuac”, ha estado viva y dolorosamente presente estos cinco siglos. 
Los despojos y las matanzas se siguen repitiendo una tras otra. 
Y nuevamente “la fuerza de tarea” represora, está integrada por gente humilde descendiente de los pueblos anahuacas y los mandos son criollos. 
La historia se repite, porque el pueblo no conoce la verdad. El pueblo vive engañado en un pasado "azteca" falso, perverso y doloso, que impide conocer y convocar lo mejor de su pasado milenario para enfrentar el futuro. 
  
La razón por la cual, el Estado necolonial criollo, hace creer al pueblo que la cultura mexica es la más importante de la civilización Madre, es para mantenerlo sometido en la ignorancia de “sí mismo” y en la supuesta superioridad de “sus vencedores”. 
Al caer atrapado en el mito de las reformas de Tlacaélel y en el mito del “gran imperio azteca”. 
El pueblo de esta manera queda excluido de la posibilidad de conocer e implementar la ancestral Toltecáyotl, en la construcción de su vida personal, familiar y comunitaria. Queda atrapado entre "la espada y la cruz" de la neocolonización, que ahora es, "televisa-consumismo y los cuerpos de seguridad" del Estado necolonial criollo. 
La sabiduría, experiencia y conocimientos del mundo y la vida que posee la Toltecáyotl, es la vía para la descolonización y liberación cultural, mental y espiritual. 
Los valores, principios, actitudes que se escogieron, acumularon y sistematizaron a lo largo de miles de años, para poder “vivir en equilibrio”, con los demás seres vivos y con el universo, es el gran potencial que poseemos para modificar la historia y nuestro destino. 
Como en “un molino circular”, seguimos dando vueltas en nuestros errores, porque no conocemos nuestros milenarios orígenes, la sabiduría que crearon nuestros venerables antepasados, los impresionantes logros civilizatorios que obtuvieron; así como que también, no conocemos, los errores y fracasos que cometieron, especialmente en el periodo Postclásico, creyendo que fue la supuesta superioridad cultural de los invasores la que produjo la conquista. 
Para descolonizarnos, necesitamos poseer un pensamiento crítico y analítico. Dejar atrás, todo lo que nos enseñaron sobre el pasado “prehispánico”. Dejar posiciones dogmáticas y actitudes fanáticas. 
Necesitamos estudiar con mayor rigor crítico. Buscar a los investigadores honestos y que no estén, o hayan estado, al servicio del sistema colonial, como Laurette Séjurné, Ignacio Romerovargas Yturbide, Guillermo Bonfil Batalla, Carlos Lenkersdorf, Rubén Bonifaz Nuño, Arturo Meza Gutiérrez, entre otros. 
Tenemos que prestar atención a la historia regional, a la tradición oral, a las leyendas y mitos antiguos; debemos de descolonizarlos y buscar el mensaje de sabiduría que hay en ellos. 
Debemos de buscar a “los jóvenes abuelos” y escucharlos con atención y respeto. 
En síntesis, necesitamos recurrir al “banco genético de información cultural”, que todos poseemos en lo más profundo de nuestro ser, de nuestras comunidades, de sus tradiciones, usos y costumbres, de sus saberes tradicionales. 
Convocar “al conocimiento silencioso”, que sigue estando presente en los Tollan, en los testimonios materiales de la sensibilidad espiritual de nuestros antepasados.
La descolonización intelectual, cultural y espiritual, es de urgente realización. 
No podemos seguir tratando de salir del calabozo de la colonización, con las ideas y categorías de los carceleros. 
Debemos inventarnos a nosotros mismos. 

Lo difícil no es hacerlo…sino imaginarlo. 

Oaxaca
Verano de 2017.


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