miércoles, 18 de mayo de 2016

DESCOLONIZAR ES DIGNIFICAR

El eje fundamental en la implantación de la colonización es el   aspecto mental. Una persona, una familia o un pueblo que están dominados mentalmente, quedan indefensos y vulnerables a todo tipo de manipulación, exclusión y explotación.
El Virreinato de la Nueva España sustento su dominio sobre los pueblos conquistados a partir de la erradicación de las lenguas ancestrales dejando mudos a los pueblos y silentes; la eliminación de la memoria histórica dejándolos en calidad de amnésicos; la destrucción de sus conocimientos dejándolos estúpidos, incapaces e impotentes; quitándoles los espacios, no solo las mejores tierras sino los espacios sagrados, comunitarios, históricos; y finalmente, prohibiendo su espiritual ancestral para dejarlos fanáticos e idólatras de una religión ajena en donde estaban excluidos.
Con la invasión y saqueo de Ixachillan (Continente Americano), Europa se capitalizó e inició la modernidad, el capitalismo, el eurocentrismo y el dominio cultural y material de gran parte del planeta.
Esto se logró, -entre otras cosas-, por el epistemicidio de las sabidurías ancestrales del mundo y a la vez, la implantación del “pensamiento único”, es decir, el eurocentrismo en calidad de “universal, uno que define para todos”*, es decir, el pensamiento europeo “es natural e inherentemente superior” por lo cual es válido en cualquier parte del planeta, sin importar los procesos históricos, sociales y culturales que se hayan vivido en lugares específicos, por distantes que sean.
El eurocentrismo impone el dogma que el conocimiento nacido en Europa es el primero, es decir, que las ciencias exactas, naturales y sociales tienen su origen en Europa, lo cual es totalmente falso. De esta manera, en los cinco siglos de “modernidad eurocéntrica”, en los países colonizados las élites económicas, políticas e intelectuales usan las categorías y piensan y conciben el mundo y la vida como europeos.
En los aproximadamente diez mil años que tiene el ser humano de vivir en civilización, han existido seis núcleos generadores o civilizaciones Madre, estos son: Egipto, Mesopotamia, Anáhuac, Tawantinsuyu, China e India, de los cuales se han desprendido miles de culturas diferentes en tiempo y espacio. Cada uno de ellos mantuvo cientos de años de esplendor continúo. La cultura Occidental no tiene un origen autónomo, es producto de apropiaciones y despojos culturales y es la más reciente del planeta.
Sin embargo, en los últimos cinco siglos ha sido la cultura dominante a través del poder económico, militar y político, además, con un sentido de dominación planetario que ninguna otra lo tubo. El punto es que a diferencia de las civilizaciones ancestrales, la cultura Occidental se ha caracterizado por ser una cultura necrófila, es decir, una cultura de muerte. En efecto, en los últimos doscientos años ha puesto a la humanidad y al mismo planeta en peligro de muerte al implementar su modelo de dominación.
El paradigma de la cultura Occidental es que la felicidad y la plenitud del ser humano se logran por medio del desarrollo del mundo material a través de la riqueza y el consumo. El consumo como la esencia del ser humano y el dinero como el único medio para lograr la felicidad y la realización humana. Este paradigma se opone a la visión del mundo y la vida de las demás civilizaciones y culturas ancestrales del planeta, que están enfocados al desarrollo y realización espiritual.
Para imponer la ideología eurocéntrica se ha requerido la destrucción o distorsión del pensamiento antiguo y los valores espirituales que están implícitos en los saberes comunitarios, las tradiciones, fiestas, usos y costumbres ancestrales de todos los pueblos.
La cultura occidental ha creado una forma moderna del “culto al becerro de oro”, y las sociedades modernas como la estadounidense, y en general, las clases altas y medias de muchos países colonizadores y colonizados viven en la búsqueda irracional de esa necrófila forma de encontrar “la felicidad”, lo cual está conduciendo al excesivo consumo de drogas para atenuar la frustración existencial que produce el consumismo que solo genera vacío y frustración.
Ante los estertores de muerte del mundo moderno y su ideología necrófila en la que están viviendo, los pueblos deben buscar en su sabiduría ancestral las respuestas para desmantelar este “cáncer” que está afectando a gran parte de los humanos y al mismo planeta Tierra, entendida como “la casa de todos”. 
Es por esta razón que se debe de dejar de usar las categorías, conceptos, visiones y precepciones que la modernidad, el capitalismo y el eurocentrismo, que han creado en su acción depredadora de la vida y de la humano. Se debe de re-encontrar, re-pensar, re-significar la VIDA, de acuerdo con el conocimiento perene de cada pueblo en un concierto pluriversal. Se requiere re-comenzar de cero, desde el principio, desde la más esencial y prístino, desde lo genuino.
Purificar el concepto “del estar vivo y del estar consiente”, de los significados y objetivos de ser, de vivir en familia, en comunidad y en armonía con todos los seres vivos del planeta, con los astros y las estrellas. Volver a encontrar la frecuencia vibratoria para armonizar nuestra energía y conciencia con “el todo”. Re-significar lo divino y lo sagrado del mundo, la vida, lo inconmensurable.
Para el caso de los que vivimos en el Cen Anáhuac (Centro América y Norte América) la Toltecáyotl representa la sabiduría perene que fue producto de milenios de observación, pruebas, análisis, sistematización, difusión y preservación del conocimiento todos los pueblos y culturas que formaron una de las seis civilizaciones Madre.
La Toltecáyotl entraña un esfuerzo inconmensurable a través del conocimiento para ofrecerle al ser humano el equilibrio, la plenitud y trascendencia de la existencia. A través de la Pirámide de Desarrollo Humano Tolteca, es decir, los sistemas integrados e interdependientes  de alimentación, salud, educación, organización, que le brindan la base material para encontrar el bienestar. La plenitud se lograba en el campo de lo divino y lo sagrado, en la total y plena “conciencia energética”.
Por estas razones, creemos que la descolonización mental y cultural es una de las más difíciles y urgentes tareas que debemos enfrentar.
Como lo llamaban nuestros Viejos Abuelos a la lucha interior, la descolonización mental representa “La Batalla Florida” actual, por lograr la conciencia, la dignidad y la soberanía intelectual. Implica la ardua tarea cotidiana, sistemática y permanente para “vernos y sentirnos” a nosotros mismos en la cotidianidad inmersa en un medio colonizado, occidentalizado, capitalista, moderno, consumista, racista y eurocéntrico. En nuestro actuar de “colonizador-colonizado”, luchando contra “el Hernán Cortés y la Malinche” que viven en lo profundo de nuestro interior, y que a la primera oportunidad salen violentos a someter, despreciar y explotar.
Especialmente y con enérgico rigor la descolonización intelectual debe ser para aquellos que trabajamos por volver a la raíz, a la sabiduría, a los usos y costumbres de nuestros Viejos Abuelos. No podemos y no debemos “darnos tolerancia intelectual”. Debemos ser impecables en nuestras vidas cotidianas, en la forma de pensar, hablar, escribir y convivir con nuestra gente. Desterrar los conceptos y categorías como: “prehispánico, indio, raza, indígena, Mesoamérica, precolombino, precortesiano, dialecto, confundir civilización por cultura, azteca por mexica, chaman por tlamatinime o persona de conocimiento, etc.
Todas las palabras poseen una carga ideológica, en general, las referentes a nuestros Viejos Abuelos y nuestra Civilización Madre, en el idioma español, están llenas de malicia, prejuicio e ignorancia, que pretende masiva y cotidianamente hacernos sentir menos y someternos intelectualmente.
La descolonización no implica el rechazo y negación de las apropiaciones culturales que hemos hecho a lo largo de cinco siglos, no solo de las culturas de Europa, sino también de África y Asia. El mestizaje cultural y racial es siempre benéfico, valioso y productivo. No podemos irnos al otro extremo. Hoy más que nunca, la humanidad puede y debe vivir en un armonioso pluriverso epistémico y cultural, en el que cada pueblo y cultura ofrezca a los demás lo que tiene, y tome de los demás, lo que necesite, para encontrar su plenitud y realización.
La descolonización nos obliga a estar atentos y observantes de no caer en “el folclor” de nuestras milenarias formas de vivir e interpretar el mundo. El Folclor en este caso, tomado como la visión que tiene la cultura dominante sobre las manifestaciones de las culturas dominadas. La descolonización nos obliga a ir a la raíz a la esencia, a lo incorruptible. No importa la forma, sino el fondo de estas raíces. Las formas pueden variar con el tiempo y el espacio, el fondo es “inalterable”.
Es muy peligroso tomar el pasado y los valores de nuestra cultura ancestral, como una moda, una distracción, un consumo, un negocio, un entretenimiento de fin de semana. La civilización Madre del Anáhuac y todo lo que implica La Toltecáyotl, es nuestra más preciada herencia,  la sabiduría con la que podemos enfrentar el degradado mundo moderno-eurocéntrico-capitalista. Es nuestra única posibilidad real de entrar en el nuevo ciclo cósmico en armonía.
Estamos en el comienzo del nuevo Sol, el quinto terminó el 21 de diciembre de 2012 de acuerdo a las medidas de “tiempo-espacio”, cuando se cumplió el recorrido que hace la Tierra en torno al centro de la galaxia. Como la entrada de la primavera, ésta no coincide exactamente con el 21 de marzo, en ocasiones se adelanta y otras se atrasa. De la misma manera, el Quinto Sol, aunque en tiempo y espacio ya concluyó astronómicamente, los “efectos” del nuevo Sol no se sienten de inmediato.
Por otra parte, los expertos señalan que al ritmo que se está contaminado el planeta, destruyendo la Naturaleza, la crisis financiera y energética, la desaparición de especies animales y vegetales, así como la descomposición socio-cultural que están sufriendo muchos pueblos en el planeta, al “mundo moderno-capitalista-eurocentrista” y al planeta, no le quedan cien años de vida, como ahora la tenemos.  Cien años, en la cuenta de 25625 años representa una pequeña variación, como los cambios de estación. Como se puede apreciar, ya no tenemos mucho tiempo en la extensión del Quinto Sol.
No podemos jugar irresponsable e inconscientemente con el futuro de la VIDA.
Cada persona, cada familia y cada pueblo forman parte de este mundo. Cada uno tiene una responsabilidad.
 
Una de las características de la civilización de nuestros Viejos Abuelos, era la consciencia de la responsabilidad que a cada individuo tenía con la preservación de mantener el “equilibrio” y la vida en la Tierra y en el universo.
Para cumplir con esta responsabilidad, nuestra civilización Madre nos ha heredado La Toltecáyotl.
Debemos de ser muy respetuosos y cuidadosos con esta herencia. La Toltecáyotl es “materia divina” y es el arma de “La Batalla Florida”. La Toltecáyotl es “Flor y canto”, es nuestro futuro para iniciar el nuevo Sol.
Descolonizar es dignificar.
 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Después de siglos no la vemos, no la sentimos, no la escuchamos, pero está presente y nos arrastra al vacío. Gracias Profe Marín. Anónimo animado.

Unknown dijo...

Este articulo esta mal. porque no tomas en cuenta que la imagen, inconciente colectivo y nacion mexicana se formo como lo conocemos despues de la conquista...Ahora somos Mexico una nacion que no importa de donde vengas eres mexicano

Unknown dijo...

Excelente artículo. Lo dicho DEBEMOS RETORNAR A NUESTROS ORÍGENES, los invasores y el capitalismo codicioso e inhumano han convertido al verdadero AMERICANO en serviles. Cuando fuimos Reyes. Más Cultos que los invasores, Mejor organizados políticamente. Con una Moral Digna. con Cultos Sagrados al UNIVERSO DE LA CREACIÓN