viernes, 21 de julio de 2017

COLONIZADOS Y ENFRENTADOS...Los pantanos en el laberinto de la identidad

Existe una falsa pugna entre las personas que, en busca de la raíz ancestral, se asumen culturalmente como descendientes culturales de los mexicas, última cultura que bajó del Norte en busca de tierras más fértiles para vivir. Y aquellos que se asumen como descendientes de la “cultura tolteca”.
Lo cierto, es que es una confrontación estéril y muy autodestructiva. Finalmente, en busca de nuestra milenaria identidad cultural, -como pueblo-, quedamos con los mismos problemas de las izquierdas latinoamericanas, “dividas y enfrentadas”, bajo el auspicio del capitalismo. Y fue justamente, como de esta manera, Hernán Cortés y Malinche, lograron provocar una guerra fratricida en el Anáhuac, para finalmente, después de dividirnos y enfrentarnos, dominarnos fácilmente. Históricamente, desde 1519, la conquista, la hemos hecho los anahuacas.
El fanatismo encuentra su pleno desarrollo en las “tierras de la ignorancia”, y éstas se abonan con la intolerancia y la agresión. Nadie los “sabe todo”, y nadie, “tiene la verdad en la mano”. “La verdad de la verdad”, es que es múltiple, diversa y muchas veces opuesta. En efecto, “el mundo”, no es tan sencillo, plano y “real”. Por lo mismo, la Historia, es bastante confusa y relativa. Por ejemplo, un hecho acaecido el día anterior, en un periódico tendrá una lectura y en otro, una lectura opuesta. El mismo hecho, un día después, será visto desde dos “perspectivas históricas” diferentes.
Más aún, en la historia milenaria. Pero si a esta historia antigua, se le suma los siguientes elementos: la escriben los vencedores, la difunde el Estado, está censurada por la iglesia y manipulada por la cultura dominante; el resultado es que “esa historia”, es más un libro de cuentos, fantasías e injurias, que buscan la “confusión cultural” del pueblo colonizado. 
Ya el antropólogo Leonel Durán Solís, nos dice que, la colonización está sustentada en la estrategia de amputarle al pueblo invadido-sometido-ocupado, cinco elementos culturales, para dejarlo en estado catatónico, indefenso y en total vulnerabilidad. Para colonizar a un pueblo se le debe quitar: Los lenguajes, la memoria histórica, los conocimientos, los espacios y la espiritualidad. Cuando el invasor-colonizador le quita estos cinco elementos culturales a los invadidos-colonizados, da por resultado que los pueblos quedan: mudos e inexpresivos, amnésicos y ajenos a sí mismos, estúpidos incapaces de crear y recrear su mundo y transformar su realidad; y fanáticos, adheridos tercamente a ideas que el colonizador le marcó con fuego en la frente. Cuando una persona, una familia o un pueblo los dejan en estas condiciones, los convierten en un zombi al que se le puede hacer, quitar, imponer, lo que sea; que él, no moverá un dedo para cambiar su condición y por el contrario, se convertirá en un “colonizado-colonizador”, de su propio pueblo. 
Leonel Duran propone “La Quíntuple Recuperación”, es decir, recuperar las lenguas y los lenguajes; la memoria histórica a partir de los recuerdos personales, familiares y comunitarios, es decir, la historia oral, de carácter local, regional y nacional. El desafío es claro, pero inmenso. Se le debe quitar el protagonismo a “la academia occidentalizada” y a la cultura dominante “rescatadora de la cultura ancestral” y poseedora única de “la cultura universal”.
Para el caso de la historia de la civilización del Cem Anáhuac, se debe hacer las siguientes consideraciones para iniciar la recuperación. 
Primero, “equivocadamente”, se sigue tomando como “verídicas fuentes históricas”, lo escrito por conquistadores y misioneros. Textos que tienen estos severos problemas: No están escritos con un espíritu de imparcialidad y objetividad. Tienen objetivos personales, institucionales, religiosos y pretenden exaltar y denostar a conveniencia. Vienen de una cultura de mil años de oscurantismo y fanatismo cultural y religioso, como fue La Edad Media y el dominio opresor del Vaticano. No tenían el objetivo y menos el interés de describir o documentar, “algo desconocido”, por el contrario, “lo desconocido lo dieron por conocido”, es decir, un mundo diferente lo quisieron subsumir en su mundo conocido. Comenzando con que creyeron llegar a la India y hasta la fecha llaman a los anahuacas “indios”. 
Y finalmente, entre más se conoce la verdad, se entiende que la visión del mundo y la vida europea de finales del siglo XV y principios del XVI, era mucho más limitada que la de la civilización del Anáhuac. Simplemente el castellano de aquella época, comparado con el náhuatl, era mucho más pobre y limitado. La concepción del mundo occidental era que la Tierra era plana; para el Anáhuac, la Tierra era un ser vivo y con conciencia, que estaba en un sistema solar, y éste, estaba en una galaxia, y que la Tierra tardaba exactamente, 25625 años en giraba en torno al centro de la galaxia, conocida esta medida astronómica como “La Cuenta Larga”.
Otra consideración importante es que, durante los tres siglos de Colonia, los españoles trataron de destruir todo vestigio de la civilización invadida y derrotada. Ideológicamente la invasión implicaba “la construcción de otra realidad”, llamada La Nueva España. 
Durante el siguiente siglo y medio (1821-1960), los poseedores del gobierno y el poder, del Estado necolonial con ideología criolla, vieron en la civilización ancestral del Anáhuac, el símbolo del atraso y la barbarie. Dejaron que impunemente los saqueadores europeos se llevaran todo lo que encontraron y que había sobrevivido al epistemicidio Colonial. 
Finalmente, desde mediados del siglo XX, la ideología criolla de “los mandones”, utilizaron la historia ancestral como “remoto antecedente” de su país. Utilizaron, como una fuente de riqueza turística los vestigios materiales del Anáhuac, y como un atractivo turístico, los elementos culturales sobrevivientes a los que les llaman “folclor”.
Una última consideración, es que, de manera dolosa, el Estado necolonial criollo a través de la SEP, los medios y los historiadores al servicio del sistema, han hecho pensar al pueblo que el pasado “Prehispánico de México”, recae únicamente en la cultura mexica (1325-1521). La peregrinación y la fundación de la gran México-Tenochtitlán, ocupa toda la memoria histórica “propia-nuestra”. De esta manera, no solo desaparece los mil años de esplendor de la cultura teotihuacana (200 aC a 850 dC) y las culturas florecientes en el periodo Clásico como la maya, zapoteca, mixteca, purépecha, totonaca, entre otras.

El Estado necolonial criollo ha desestimado la milenaria historia ancestral del Cem Anáhuac, con aproximadamente diez mil años de antigüedad, desde la invención del maíz y la agricultura en Oaxaca y Puebla. El llamado periodo Preclásico es “despreciado” por arqueólogos e historiadores del sistema. Cómodamente han dejado que investigadores de otros países, financiados por universidades, ong´s y gobiernos, “inventen-investiguen” esta época histórica. Sin embargo, para cimentar una sólida memoria histórica, se debe tener en cuenta el gran esfuerzo que hicieron los Viejos Abuelos, al pasar a ser nómadas, cazadores y recolectores, a crear e inventar por sí mismos, toda la infraestructura de conocimiento para que aproximadamente en el 1500 a.C. aparezca la llamada “cultura olmeca” en todo el Cem Anáhuac.    
Uno de los aportes más importantes del periodo Preclásico es sin lugar a dudas, La Pirámide de Desarrollo Humano. En efecto, el gran impulso civilizador se sustentó en los primeros cuatro niveles de la pirámide, es decir, el sistema alimentario, el sistema de salud, el sistema educativo, y el sistema de organización. Esta estructura es la fuente que detonó la creación y surgimiento de una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del planeta.
Una vez que poseyeron los cimientos del periodo Preclásico, se inició la segunda fase, conocida como periodo Clásico o del esplendor, en donde se desarrollaron los siguientes tres niveles que coronan la pirámide. Nos referimos al sistema de conciencia histórica, al sistema de conciencia sacra y finalmente, al sistema de conciencia energética.   
El Cem Anáhuac vio florecer en esos más de diez siglos a las culturas, que en su diversidad, fueron unidas por la Toltecáyotl, que fungió como “la matriz de conocimiento” compartido y diversificado por todas y cada una de ellas. El centro palpitante de estos seres de conocimiento fue Teotihuacan, donde mujeres y hombres, llamados toltecas estudiaban, y regresaban a sus lugares de origen y vitalizaban la sabiduría en sus respectivos Tollan, de acuerdo a sus culturas y lenguas diferentes, pero sin perder la esencia y raíz, que fue La Toltecáyotl.
De este periodo surgieron la mayoría de los Tollan, o fue el periodo en el que alcanzaron el mayor esplendor. De esta sabiduría surgió, por ejemplo: el cero matemático, la invención de los calendarios y la primera calculadora. Es conveniente observar que todas las civilizaciones Madre del planeta: Egipto, Mesopotamia, India, China, Tawantinsuyo y el Anáhuac, sin ponerse de acuerdo, construyeron pirámides; el Cem Anáhuac, fue el espacio con mayor número de pirámides construídas en la historia de la humanidad. Conocer el objetivo, uso y aplicación de estos centros de estudio e investigación, nos llevarán a entender cabalmente la grandeza y verdaderos logros de la civilización Madre.
El gran misterio de nuestra Civilización Madre, y el verdadero origen de nuestros problemas culturales que sufrimos hasta nuestros días, es justamente el llamado colapso del periodo Clásico Superior. Al mismo tiempo, en una “acción concertada”, desde lo que hoy es Nicaragua hasta Canadá, los sabios toltecas literalmente desaparecieron sin dejar explicación posible alrededor de la mitad del siglo IX. 
Abandonaron, destruyeron, quemaron los Tollan y dejaron dicho que regresarían a restablecer la sabiduría y la armonía. Para el caso del Altiplano Central (el más estudiado) el despoblamiento fue casi total, solo quedaron pequeños grupos en lo que fueron poblaciones de linaje de conocimiento tolteca, como Cholula, Texcoco y Colhuacan. Pero pasó los mismo en la zona maya, oaxaqueña, occidente y Costa del Golfo. 
Es aquí en donde inicia el periodo Postclásico o de la decadencia.  El Dr. Alfredo López Austin le llama a este periodo “el Estado Suyuano”. Con el arribo a estas regiones despobladas de grupos chichimecas del Norte a finales del siglo XII al Altiplano. En todo el Cem Anáhuac, las culturas “huérfanas de sus maestros”, pretenden restablecer la hegemonía lograda por los teotihuacanos, pero por las armas. 
Se inicia un periodo de guerras y “transformaciones culturales” que se alejan de la matriz cultural tolteca conocida como Toltecáyotl. Las más graves se dan en el Altiplano Central con los mextin, el último grupo chichimeca que se estableció, primero en Colhuacan y que después tuvieron que huir a Texcoco y habitaron el islote que tiempo después bautizarán con el nombre de Tenochtitlán.    
Los mextin, después de que sus dirigentes se “toltequizaron” en el Calmécac de Cholula, en donde estudiaban la Toltecáyotl todos los hijos de la nobleza que estaba destinada a gobernar en el Altiplano. Y por una coyuntura histórica, en la que se unen los mextin y los texcocanos en contra de los del Señorío de Azcapotzalco para derrotar al tirano Maxtla. 
Tomando el mando de la Triple Alianza, en dónde Moctezuma Ilhuicamina será el tlatoani y Tlacaélel el Cihuacóatl, empezarán un proyecto de expansión sustentado en una nueva ideología creada por Tlacaélel, en la que se desplazará los valores y principios que representaba Quetzalcóatl de origen tolteca (Sabiduría, educación y desarrollo espiritual), y se exaltará los valores y principios representados por Huitziplopochtli, de origen mextin (voluntad de poder, la guerra y el desarrollo material). Este conflicto, solo se da con los mextin en el Altiplano.
Tlacaélel fue el ideólogo de la Mexicáyotl. Tlacaélel comenzó por mandar destruir los códices antiguos, en donde se recogía su llegada al Altiplano en calidad de chichimecas con el nombre de mextin. Manda hacer “una nueva historia” inspirándose en mitos ancestrales, pero personificados por su pueblo. La peregrinación en busca de una tierra prometida, etc., es falso, en cuanto que fuera una historia de los mextin, es cierta, en cuanto que es un mito de origen, no solo del milenario Anáhuac, sino de otros pueblos del mundo. 
Tlacaélel manda cambiar el nombre a los mextin, y los llama mexica. Se crea una historia mítica, una misión divina y se crea la ideología “materialista-místico-guerrera”, conocida como Mexicáyotl. Con las bases de la Toltecáyotl ancestral, pero con las reformas de Tlacaélel. Un pueblo como los mextin, en menos de 81 años (1440 a 1521), no pudieron crear, por ellos mismos, y de la nada, la Mexicáyotl. 
Esta “reforma ideológica” explica el rápido crecimiento material de la Ciudad de México-Tenochtitlan a partir de guerras e imposiciones a los vencidos de pesadas cargas tributarias. La creación de la Toltecáyotl, probablemente tardó, por lo menos tres milenios. La Mexicáyotl no pudo ser creada por los mextin en menos de un siglo. La Mexicáyotl es una “adecuación o transgresión” de la Toltecáyotl.
La Guerra Florida tolteca, en conta del “enemigo interior”, de carácter espiritual; se transformó en la Guerra Florida mexica en contra de sus vecinos. Las escuelas dejaron de ser instituciones para formar “rostros propios y corazones verdaderos” y pasaron a ser escuelas militares. 
Los cargos pasaron a ser por linajes familiares y no por méritos y capacidades. Los milenarios pochtecas toltecas que transportaban los insumos para el culto; pasaron a ser comerciantes y espías. Se inició la propiedad privada, el uso del cacao como instrumento de cambio. Pero, todo esto, solo se dio en el Altiplano Central con los pueblos nahuas de origen chichimeca.
Todas estas reformas y trasgresiones, serán utilizadas justamente por Malinche y Cortés, para crear la guerra fratricida de carácter religioso-filosófico, mal llamada Conquista. Cortés y su banda de facinerosos actuaron como “un virus”, que se fue al “órgano más débil”. Por “las reformas de Tlacaélel”, los mexicas temían el regreso de Quetzalcóatl y esa era su debilidad. 
No así, los demás pueblos y culturas del Cem Anáhuac, que no transgredieron la Toltecáyotl, como los mayas, zapotecos, mixtecos y purépechas, entre otros. Creer que los invasores españoles, solo por ellos mismos, y su supuesta superioridad tecnológica-militar, lengua, religión y cultura, hicieron “la Conquista de México”, es absurdo y poco inteligente.
La “historia oficial” del Estado necolonial criollo, hace creer al pueblo, que la guerra contra los mexicas y la caída de la Gran Tenochtitlán es la “Conquista de México”, y que, a partir del 13 de agosto de 1521 se inicia el periodo colonial. Totalmente falso. 
El 13 de agosto de 1521 inicia la conquista del Cem Anáhuac, y las tropas que la realizarán, no son los pocos españoles que había en ese momento, sino grandes ejércitos pertenecientes a los pueblos de cultura nahua del Altiplano Central. 
Tanto los aliados de Cortés, como los vencidos, que en “los usos y costumbres de la Mexicáyotl”, pasaban al bando del vencedor.
La guerra de conquista del Anáhuac, o, mejor dicho, “la lucha de resistencia de los pueblos y culturas del Anáhuac”, ha estado viva y dolorosamente presente estos cinco siglos. 
Los despojos y las matanzas se siguen repitiendo una tras otra. 
Y nuevamente “la fuerza de tarea” represora, está integrada por gente humilde descendiente de los pueblos anahuacas y los mandos son criollos. 
La historia se repite, porque el pueblo no conoce la verdad. El pueblo vive engañado en un pasado "azteca" falso, perverso y doloso, que impide conocer y convocar lo mejor de su pasado milenario para enfrentar el futuro. 
  
La razón por la cual, el Estado necolonial criollo, hace creer al pueblo que la cultura mexica es la más importante de la civilización Madre, es para mantenerlo sometido en la ignorancia de “sí mismo” y en la supuesta superioridad de “sus vencedores”. 
Al caer atrapado en el mito de las reformas de Tlacaélel y en el mito del “gran imperio azteca”. 
El pueblo de esta manera queda excluido de la posibilidad de conocer e implementar la ancestral Toltecáyotl, en la construcción de su vida personal, familiar y comunitaria. Queda atrapado entre "la espada y la cruz" de la neocolonización, que ahora es, "televisa-consumismo y los cuerpos de seguridad" del Estado necolonial criollo. 
La sabiduría, experiencia y conocimientos del mundo y la vida que posee la Toltecáyotl, es la vía para la descolonización y liberación cultural, mental y espiritual. 
Los valores, principios, actitudes que se escogieron, acumularon y sistematizaron a lo largo de miles de años, para poder “vivir en equilibrio”, con los demás seres vivos y con el universo, es el gran potencial que poseemos para modificar la historia y nuestro destino. 
Como en “un molino circular”, seguimos dando vueltas en nuestros errores, porque no conocemos nuestros milenarios orígenes, la sabiduría que crearon nuestros venerables antepasados, los impresionantes logros civilizatorios que obtuvieron; así como que también, no conocemos, los errores y fracasos que cometieron, especialmente en el periodo Postclásico, creyendo que fue la supuesta superioridad cultural de los invasores la que produjo la conquista. 
Para descolonizarnos, necesitamos poseer un pensamiento crítico y analítico. Dejar atrás, todo lo que nos enseñaron sobre el pasado “prehispánico”. Dejar posiciones dogmáticas y actitudes fanáticas. 
Necesitamos estudiar con mayor rigor crítico. Buscar a los investigadores honestos y que no estén, o hayan estado, al servicio del sistema colonial, como Laurette Séjurné, Ignacio Romerovargas Yturbide, Guillermo Bonfil Batalla, Carlos Lenkersdorf, Rubén Bonifaz Nuño, Arturo Meza Gutiérrez, entre otros. 
Tenemos que prestar atención a la historia regional, a la tradición oral, a las leyendas y mitos antiguos; debemos de descolonizarlos y buscar el mensaje de sabiduría que hay en ellos. 
Debemos de buscar a “los jóvenes abuelos” y escucharlos con atención y respeto. 
En síntesis, necesitamos recurrir al “banco genético de información cultural”, que todos poseemos en lo más profundo de nuestro ser, de nuestras comunidades, de sus tradiciones, usos y costumbres, de sus saberes tradicionales. 
Convocar “al conocimiento silencioso”, que sigue estando presente en los Tollan, en los testimonios materiales de la sensibilidad espiritual de nuestros antepasados.
La descolonización intelectual, cultural y espiritual, es de urgente realización. 
No podemos seguir tratando de salir del calabozo de la colonización, con las ideas y categorías de los carceleros. 
Debemos inventarnos a nosotros mismos. 

Lo difícil no es hacerlo…sino imaginarlo. 

Oaxaca
Verano de 2017.


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